Letras Simples

Sólo las grandes almas saben apreciar el tacto de una palabra.
- Gissel Ruíz.

Breviario.: La repartición de Kaléa.

brevario:

Era noche de verano cuando tú, Kaléa, escapaste de casa, aburrida de tantos días iguales, sólo los búhos te vieron meter los pies en el barro, tropezar con las raíces y no mirar atrás donde ya no había nada, a cada paso que dabas, la oscuridad se comía un poco más de lo que estabas dejando y que…

hace 1 día - 7

Todo o Nada: Ojos y corazones

vanhessa:

Quién no se ha enamorado del amor… de la imagen de amor que tiene en su mente, esa que fue formando con las películas, idea sugestionada por las canciones de la radio, ese concepto amor que observaste quizás en tus padres, en tu hermana y su novio, en el amor que alguna tarde plasmaste en un…

hace 1 día - 1

Vamos a guardar este día. Jaime Sabines.

Liz.

hace 2 días

¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras
me dirás que te amo? Esto es urgente
porque la eternidad se nos acaba.

Te quiero porque tienes… Jaime Sabines

“Te Quiero.” Poema de Mario Bendetti.

“Te Quiero.” Poema de Mario Bendetti.

Quizás te diga un día que dejé de quererte,
aunque siga queriéndote más allá de la muerte;
y acaso no comprendas en esa despedida,
que, aunque el amor nos une, nos separa la vida.

José Saramago.

Otro gran maestro.






Realmente, puedo hacerlo.

Otro gran maestro.


Realmente, puedo hacerlo.

Jaime Sabines, si tan solo yo fuera un tercio de tu boca callada y tus dedos hablantes, yo sería mejor que el cielo y que el canto de las olas distantes.

Jaime Sabines, si tan solo yo fuera un tercio de tu boca callada y tus dedos hablantes, yo sería mejor que el cielo y que el canto de las olas distantes.

Expreso, húmedo expreso.

Si todo fuera como en las películas, encontraríamos el amor de nuestras vidas sentado/a en un café mientras ha dejado de llover.
Podría enamorarme del aroma húmedo en su piel, de ese café expreso deseando ser tomado a sorbos cálidos y sin quemaduras de menor grado en su lengua, que aún no imaginaría.
Decoraría el paisaje perfectamente, su bolso decolorado con las estampillas de banderas europeas, esos lentes junto a las servilletas regrabadas con el nombre de un café central, de fondo el piso cubierto de una hilera de gotas de agua que ahora caían desde las sombrillas de las mesitas con cafés humeantes acompañados de rollitos de canela, muffins o pequeñas tartaletas de frutas.
Podría enamorarme con sus movimientos de mano al esparcir el humo con sus suspiros torrenciales, ¿En qué pensaba mientras veía el agua sobre el suelo?¿En qué pensaba con su mirada sin protección frente a la luz tenue del cielo? No terminaría su bebida y yo aún seguiría sin pedir la mía, hasta que notara que era la atracción de alguien y cada mañana le diría “Aún sigo viendo tu rostro acariciado por la lluvia y tu café abrigando tus suaves mejillas”. Ese día, mi día fue como en las películas. Esa mesita hoy tiene dos sillas ocupadas, con un bolso de estampillas y dos expreso que nos acompañan.

Aire

Justo ahora miraba por la ventana de la Volkswagen que recién había decidido comprar hace once años, me quedé sin mi camisa de lineas puesta y reviví los tiempos de rebeldía, no iba a ningún lugar en especial, solo miraba el paisaje escaso de edificios y abundante de árboles verdes y vacíos.
Acabé el gas de mi encendedor promocional de una marquilla barata de lápices, eso fue la noche en que hubo lluvia de planetas - O bueno, eso soñé- mi caja de fósforos y cigarrillos guardados bajo esa luz de la lámpara de lava que me acompaña desde la semana pasada, estaban por terminarse. Aunque el humo dentro de mi cueva móvil, bastaba para fumar el aire unas pocas horas mas.
Me encontraba en un sitio abandonado y nada acogedor escogido adrede, solitario y pantanoso. Había en mi cabeza nada mas que locura, demencia, suicidio sumado a satisfacción. Éste sería el último cigarrillo en mis pulmones, el último fósforo rayado y la última bocanada de humo antes de las burbujas con olor a pantano en los contados segundos dentro y fuera de mi piel.

La eutanasia al perdón, porque no soporta su propio dolor.

Gissel Ruíz.